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23.11.2014

Níspero de invierno o níspola - Juan José Lapitz

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Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "Saber y Sabor" de "El Diario Vasco" del  22 de noviembre de 2014

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En Euskadi hemos conocido de siempre como Níspero a un fruto que, a mi juicio, es el que más tiempo está en el árbol, aproximadamente unos nueve meses desde su floraión primaveral hasta finales de este mes o bien entrado diciembre, cuando cae a causa de los frios y vientos fuertes. Por contra, en el Mediterráneo llaman por este nombre a la fruta posiblemente más precoz, la conocido como níspero japonés "eirobotrya japonica", introducido más tardiamente en nuestros cultivos pero que rápidamente ganó terreno.

El níspero de invierno, o níspola como también se le conoce, es el fruto de un arbusto caducifolio de la familia de las rosáceas, de madera muy dura, bautizado científicamente como "mespilus germanica" que cfece en forma silvestre en bosques de nuestro entorno, del que algunos artesanos de Iparralde y también de la zona del Bidasoa aprovechan los erectos brotes jóvenes para hacerles unas hendiduras en la corteza y los dejan crecer. La naturaleza forma en ellos unos dibujos y luego fabrican las cotizadas "makilas". Aún su nombre latino para indicar una procedencia alemana, es originario del seudeste de Europa (del mar Negro) y sudoeste de Asia. Existen muchas variedades que se diferencian principalmente por el tamaño de sus frutos. Los que estos días estoy recogiendo en mi jardín, a cientos, son de forma esférica, de unos cinco centímetros de diámetro, los hay mucho mayores, con la parte opuesta al rabillo hundida y rodeada por cinco sépalos persistentes de la flor.

La piel pasa del verde al marrón claro. La pulpa blanquecina, de sabor amargo y astrigente, como fruta verde, es apta para pocos paladares, tampoco se entretienen como ella los pájaros, contiene cinco semillas (leo que hacen una especie de horchata con ellas). Para que sean comestibles y pierdan su acidez yo guardo los nísperos en lugar seco por lo menos durante un mes. Al cabo de ese tiempo comienzan a ablandarse como si se estuvieran pudriendo, es el momento de llevárselos a la boca enteros. La piel, un poco áspera, se nos quedará entre los dedos, chuparemos con delectación la dulce y cremosa pulpa, que será de color marrón y expulsaremos las semillas. Al final nos quedaremos con poca cosa, lo que, con ciertos matices, hace bueno el dicho: "Quien espárragos come, nísperos chupa, bebe cerveza y besa a una vieja, ni come, ni chupa, ni bebe, ni besa".

 

Níspero de invierno o níspola - Juan José Lapitz