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14.07.2013

Un Chupito de la casa - Juan José Lapitz

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Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "Saber y Sabor" de "El Diario Vasco" del  13 de julio de 2013.

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Los medios de comunicación, con unanimidad y reiteración, se hacen eco de uno de los mayores atractivos para que nos visiten los turistas es la excelente gastronomía. La tenemos muy buena, pero hay pequeños detalles a la hora de presentarla que pueden echar al traste el mejor de los productos o la categoría de un restaurante. He aquí algunas perlas de las que he sido protagonista estas últimas semanas.

En un establecimiento que luce una estrella Michelín, el camarero, tras depositar ante mí en un plato, un cubo de pan horneado con un trozo de txistorra en el centro, se acercó con dos recipientes de aceite de oliva, uno navarro y otro jerezano, según me explicó, para que hiciera una degustación. ¿Cómo pueden apreciarse las características palatales de un aceite con un pan impregnado de la roja grasa del embutido? Incomprensible incongruencia.

Por ahorrar en mantelería y su limpieza, se pusieron de moda, en mala hora, las servilletas y manteles de papel. Recuerdo, como si fuera hoy, un mano a mano con el gran aizkolari Korta, en el asador de Landeta, ante una chuleta de notables dimensiones. La carne estaba excelente y los juramentos que lanzaba el deportista fueron de campeonato, al ver desaparecer entre sus entre sus manazas las servilletas como si fueran papeles de fumar. Ese ahorro, justificable en comedres de menú del día, es inadmisible (pero lo hay)  en salas acostumbradas a cobrar 60€ por la ración de langosta.

Los controles alcoholémcios han hecho bajar drasticamente el consumo de digestivos y aguardientes. Lo que ha puesto de moda que, antes de presentar la cuenta, muchos servidores propongan al cliente:"¿Desea el señor un chupito de la casa?" ¡Ojo con la oferta! Lo que en principio pudiera parecer una amable invitación (y en algunos casos lo es) se conviertye, en demasiadas ocasiones, en un inesperado aumento del importe de la factura.

El 4 de junio nos sentamos mi mujer y yo en el restaurante Moncho´s, del aeropuerto de Barcelona. Tras la comanda, nos pusieron sobre la mesa un cestillo con dos panecillos y dos cápsulas (10 gr. cada una) de mantequilla, que creíamos era obsequio para entretener la espera. En la factura figuraba la mantequilla, no solicitada, tarifada a 3,60 euros (567 pesetas). Así ahuyentamos a los turistas.

 

Un Chupito de la casa - Juan José Lapitz