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24.08.2014

Nutrigenomía y crononutrición - Juan José Lapitz

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Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "Saber y Sabor" de "El Diario Vasco" del  23 de agosto de 2014

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Quienes nos regalamos con unas anchos fritas servidas en el plato pocas horas después de sacarlas del mar o tenemos el placer de cortar una lechuga en la huerta y, seguidamente, preparar una crujiente y refrescante ensalada, nos echamos a temblar con el significado de las dos palabras que encabezan este comentario.

El aumento de la población, unido a la progresiva falta de agua, con la consiguiente povreza de las cosechas, empuja a la FAO, organización encargada, a escala mundial, de velar por la Alimentación y la Agricultura, a preocuparse para buscar nuevos recursos para nutrirnos. Los principales tiros van hacia las algas, especialmete las unicelulares, microalgas y los insectos (de los que me ocupé hace algunos meses).

Pero la cosa no queda ahí, ahora tratan de averiguar que nutrientes son los que se ajustan a nuestra predisposición genética, para hacer frente a las diferentes patologías, como la obesidad, el cancer, etc. El químico y director de Indesa Alimentaria, Guillermo Rodero, ha creado la disciplina llamada nutrigenomía. Dentro de poco tiempo, secuenciar el genoma humano, será cuestión de una hora y costará un puñado de euros. Conocerlo, por tanto, estará al alcance de cualquier mortal. Ello le dará las claves para llegar a la longevidad, es decir, que sabrá que alimentos son recomendables para que su cuerpo esté más convenientemente nutrido. Conocerá, por poner un par de ejemplos, que necesita comer una tortilla de cucarachas cuajada solamente con claras de huevo, para aumentar su musculatura y que si come tomates en ensalda rociados con aceite de oliva, corre el riesgo de contraer un un cáncer.

A mayor abundamiento, como quiera que hay genes, que funcionan de forma diferente, según la hora del día, se ha creado una disciplina paralela, bautizada crononutrición, que estudia el momento más adecuado en que debe comunicarse cada nutriente para obtener el óptimo efecto. Todo esto se complementará con una impresora tridimensional, que cargaremos con los distintos productos, programaremos el ordenador, pulsaremos los botones y obtendremos los platos correspondientes a cada miembro de la familia, con indicación de la hora a la que deben ingerirlos.

Hago votos para que, en un futuro, mis biznietos sigan comiendo anchoas frescas y lechugas.

Nutrigenomía y crononutrición - Juan José Lapitz