Hemeroteca

09.11.2013

La subversión total - Mikel Corcuera

*************************************************************************************************

Artículo de Mikel Corcuera (Premio Nacional de Gastronomía 1999) publicado en la sección "Saberes y Sabores" de Noticias de Gipuzkoa del 08.11.2013

********************************************************************

"El bar es para mí un lugar de meditación y recogimiento sin el cual la vida es inconcebible".

Luis Buñuel Mi último suspiro (1982)

No quisiera convertir esta sección en un obituario pero las circunstancias a veces obligan .Y es que este año, el 29 de julio pasado,  se ha cumplido el treinta aniversario de la desaparición del genial cineasta  Luis Buñuel  Y lógicamente  nos vamos a  escorar al tema más de nuestra incumbencia, el del papeo. Así, la escena clave de una de sus películas míticas, Viridiana (1961)  representa "La última cena" y es un retrato vitriólico  con un coro de mendigos amorales y rencorosos. Hay dos mundos irreconciliables, la devota Viridiana (Silvia Pinal), con la enseñanza de "ganarás el pan con el sudor de tu frente" y los pobres pícaros arreglándoselas para sobrevivir  sin pegar ni golpe a costa de los ingenuos. La escena antes citada no tiene desperdicio. Los mendigos acostumbrados a legumbres y comidas nutritivas por necesidad, al quedarse solos una noche en casa de los señoritos pueden acceder a otros valores culinarios. Admiran la cubertería. Al ver el mantel de encaje, uno de ellos dice: "Mira que morirme sin comer en manteles tan galanes". Y empiezan a zampar el pan,  a pimplarse los vinos de la bodega, relamen el pollo como si fuese una joya culinaria (entonces verdaderamente lo era). La disposición de los comensales  en torno a la mesa, con candelabros de plata de Meneses, reproduce el cuadro de la última cena. El ciego en el papel de Cristo, rodeado de doce apóstoles. Y la impresionante Lola Gaos, que es el comensal número trece,  finge hacer una foto con su sexo, dejando una imagen fija soez levantándose las sayas. El festín degenera en una orgía con música del Aleluya de Haendel.  Con el  Vaticano cabreado Franco mandó quemar todas las copias. Una felizmente la salvaron, escondida  entre los capotes de un torero para cruzar la frontera.

Pero no es la única película de Buñuel  en la que podemos entresacar referencias gastronómicas inconformistas. Las encontramos  así mismo en "El ángel Exterminador" (1962) que es una parábola de un grupo burgués y sus inseguros preceptos morales que salen a la luz cuando se ven obligados a estar en un salón del  que no pueden salir. Todo ello, se liga a la gastronomía porque la cena que precede a esta situación, es de un lujo asiático. Con cisnes de cristal llenos de caviar, con fuentes desbordantes de frutas tropicales, con cubiteras repletas  de botellas  de champagne. Pero donde ya se nota más la transgresión es  cuando la anfitriona de la casa rompe incluso con los hábitos culinarios tradicionales y sirve primero  el guiso y después el caviar. Otra de las sorpresas inquietantes que Lucia, la referida anfitriona, reserva a sus  invitados se halla en la zancadilla que perpetra y el tropezón consiguiente de uno de los camareros que portaba una bandeja con increíbles manjares,  y que anticipa ya lo que sucederá luego: la violencia, el hambre, la suciedad, el odio  de los burgueses encerrados,  que sustituyen a la anterior cortesía y frivolidad hipócrita del banquete.

La trasgresión es también es total en otra película, El fantasma de la Libertad (1974) donde en el  comedor las sillas son remplazadas por tazas de retrete. O sea, un excusado comunitario surrealista. Todos sentados se limitan a leer y en vez de pedir permiso para ir al servicio, se disculpan para ir a comer fuera del salón en donde lo hacen compulsivamente. Se dice que esta secuencia .nace de la observación  del comportamiento de ciertas personas en los restaurantes. Actitud caracterizada por ese recato a comer con avidez .Se puede afirmar que nuestro cineasta toma prestada de la realidad una imagen  que remodela  y reinventa poniendo así  en ridículo a un falso mundo sin sentido basado en el exagerado respeto a los convencionalismos. Y en este caso a los codificados ritos  de la etiqueta y el encopetado protocolo. Que por cierto resulta una crítica  premonitoria. Ya que  en estos momentos se encuentran tan cuestionados en aras de una mayor informalidad, frescura y desenfado.

 

 

La subversión total - Mikel Corcuera