Hemeroteca

20.07.2014

Javier de Aranburu, agur - Juan José Lapitz

*************************************************************

Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "Saber y Sabor" de "El Diario Vasco" del  19 de julio de 2014

***************************************************************

La semana pasada despedimos a un periodista euskaldun de pro, fecundo escritor, hondarribitarra que ha investigado como pocos la historia de su ciudad, un gastrónomo cualificado y un gran amigo de cuantos le tratamos: Javier de Aranburu.

Su vinculación con todo lo que tuviera que ver con la cultura vasca estaba avalada porque fue miembro de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, de Euskaltzaindia, de la Sociedad de Estudios Vascos, de la Oceanográfica de Guipúzcoa. Embarcó en un pesquero de bacalao, para conocer mejor las prácticas de nuestros antepasados y sus asentamientos, lo que le proporcionó material para escribir "Terranova", precioso relato que se uniría a otra serie de títulos.

Fundó hace más de medio siglo, junto al firmante, la revista Ondarribi, reflejo de la vida y los problemas locales y se enfrascó posteriormente en la investigación, en los archivos, hasta que vio la luz, "El sitio de Fuenterrabia" pormenorizado relato de lo que fueron los días que marcaron la historia de la ciudad y otro título "El Alarde de Fuenterrabia". Más tarde junto al pintor Javier de Sagarzazu publicó "Paseos por la ciudad". Javier no fue un cocinillas, pero si un fino pàladar, formado desde la cuna, el mismo lo confirmó: "Mi abuela Bruna, tenía un establecimiento de solera en la calle de las Tiendas, donde recalaban los viajantes de comercio y se celebraban los banquetes de boda entre los novios del casco antiguo. Mi madre, Celestina, buena discípula de excepcional maestra, abrió el restaurante Kurlinka que pronto adquirió fama de bien hacer". Gran observador, no se le escapa la importancia que la gastronomía tiene, aún en situaciones tan desesperadas como las del antes mecionado sitio por parte de las tropas francesas. Fue con ocasión de que el principe de Condé mandó un emisario, proponiendo la rendición de la plaza. A este antes de entrar en el recinto amurallado le vendaron los ojos, para que no viera el deplorable estado de defensas y población. Lo llevaron al castillo y mientras las autoridades estudiaban la respuesta, le dieron opíparamente de comer y beber, para darle la impresión de que allí disponían de abundantes víveres, y bien ahito lo trasladaron de nuevo a la entrada con la respuesta negativa en sus manos.

 

Javier de Aranburu, agur - Juan José Lapitz