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08.11.2015

Hongos en la Garcipollera - Juan José Lapitz

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Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "Saber y Sabor" de "El Diario Vasco" del 7 de noviembre de 2015

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La Garcipollera es un precioso valle del Pirineo Aragonés, que en lengua jacetana significa valle de cebollas. Se encuentra a tan solo 10 kilómetros de Jaca. Lugar solitario, de bellos paisajes y escasa población, tiene como principal nucleo habitado Villanovilla y en él un restaurante albergue que recibe la misma denominación que el valle. Sus propietarios son Juan Diez, donostiarra del barrio de Gros, y su esposa Concha. Lo hacen tan bien que llenan a diario al acogedor y recogido comedor. Tuve la suerte de conocerlos a mediados del pasado y puedo dar fe de la bondad de su cocina y de la sugerente oferte basada fundamentalmente en prodcutos de zona y de la mediterránea Vinaroz, donde el matrimonio posee una segunda vivienda.

De entrada, a los euskaldunes nos llama la atención el gran lauburu (invertido) que está grabado en la puerta principal de acceso al local. Juan me aclaró que se trata de un sóbolo aragonés que ellos llaman "religada", de proderes protectores como el nuestro. El hecho de sentarnos seis en torno a la mesa nos permitió hacer. casi, un menú degustación del que destacaron los hongos, procedentes del valle de Tena. Prietos y poco mayores que un tapón de botella de Champagne, Concha los filetea y los pasa por la plancha aceitada el tiempo justo para que enternezcan y los presenta en fuente individual acompañados por la yema de un huevo escalfado sobre un cremoso puré de patatas que hace las veces de clara. Una delicia de conjunto. Me figuro que las setas de mayor tamaño las emplea para preparar las sabrosas croquetas que nos sirvió para ir haciendo boca, junto a una morcilla frita. Siguieron sepias y pulpo a la brasa así como una muy jugosa tortilla de bacalao. Caracoles (sabrosos, pero poco asustados), conejo confitado (al igual que el pato) y entrecot fueron los platos fuertes. Todos los postres fueron caseros, pero me llamaron la atención y degusté la tarta y flan de queso Oxortical. Corta pero bien seleccionada carta de vinos. Muy buena  relación calidad/cantidad/precio. No olviden reservar, se llena incluso entre semana y en temporada baja.

Contemplamos la tarde haciéndole una visita a mi amigo Arriel Dominguez, propietario de la quesería antes mencionada, en la vecina Villanua, quien estaba exultante al haber conseguido el premio al mejor queso de Aragón, elaborado con el producto de su rebaño de ochenta ovejas.

 

Hongos en la Garcipollera - Juan José Lapitz