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02.11.2014

"Gaztainerre" y mangosto - Juan José Lapitz

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Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "Saber y Sabor" de "El Diario Vasco" del  1 de noviembre de 2014

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La castaña fue alimento otoño-inviernal imprescindible en muchas culturas y el refranero esta plagado de referencias que hacen alusión a las fechas más idoneas para comerlas. Aún cuando hay uno que dice: Por el Pilar, las primeras castañas has de asar". Hay otros que se adelantan, basados posiblemente en cosechas tempranas que anuncian: "Por San Cebriano (o Cipriano, 30-9), castaña en mano". Pero en lo que todos están de acuerdo es que "por Todos los Santos la castaña es el mejor bocado", no solamente porque para ese día están todas en sazón y bien secas, comienza a hacer frio y apetece comerlas calentitas, sino también porque este fruto, en cierta forma, era el símbolo del alma de los difuntos, dando pie a ritos ancestrales.

Cuentan que desde tiempos prehistóricos se celebraban, en lugares en los que abundaban los castaños, en época de cosecha, unas fiestas de origen pagano (posteriormente cristianizadas) de carácter agrario que servían para reunir al pueblo y reforzar los lazos entre la comunidad, en la que los protagonistas eran el fuego y las castañas que se asaban en las brasas. Las celebraciones se extendían desde las aldeas de montaña catalanas hasta Galicia, que las bautizó con el nombre de mangosto, que es como se conoce también en Castilla-León, Extremadura, Asturias y Cantabria. En Euskadi recibe la denominación euskaldun de "gazteinerre"(castaña asada).

La cultura celta fue la que marcó la impronta del ceremonial. Se eleogia un claro del bosque, los jóvenes hacían acopio de las castañas y ellas se encargaban de aportar hojarasca y heno, ponían sobre la cama vegetal los frutos a los que se les practicaba un corte para evitar su estallido y cubrían con más hojas y hierba seca y le daban fuego. Cuando se apagaba, se comían las castañas entre cántico, bailes, etc y se dejaban algunas para que las consumieran las almas de los difuntos. Posterior fue el carbón de leña, la parrilla que servía para asar chorizos y el bidón agujereado o tamboril en el que se hacían girar constantemente los frutos hasta que estaban a punto. La llegada del maíz y la patata hizo que el consumo de castañas disminuyera y decayeran los festejos. Nuestro "gaztainerre", que hoy tiene a Eibar y Soraluze como continuadores de la tradición, cuentan con tres variantes: se celebra en una sociedad (no al aire libre), es fiesta de hombres (las mujeres se reúnen aparte) y previamente se da cuenta de una buena cazuela de caracoles.

 

 

"Gaztainerre" y mangosto - Juan José Lapitz