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05.07.2015

En la cocina, sin prisas - Juan José Lapitz

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Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "Saber y Sabor" de "El Diario Vasco" del  4 de julio de 2015

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La prisa es mala consejera, es una máxima muy a tener en cuenta. Andar apresurado por la vida a nada bueno conduce y hacerlo en la cocina puede dar resultados nefastos, como meter la mano en el salero en lugar del azucarero, a la hora de preparar unos plátanos flambeados, como los que sirvieron en un restaurante canario.

El martes finalizó la tercera edición de "Masterche" y es muy posible que, dada la alta cuota de pantalla que obtiene, vuelva a repetirse y también lo haga el popular trio que juzga a los aspirantes a obtener el máximo galardón. La que no deberían de volver, desde mi punto de vista, son las prisas. "Masterchef" se proclama en palabras de sus portavoces, como un programa de formación de potenciales cocineros que, día a día, deben mejorar en todos los aspectos profesionales, pero no deja de ser un espectáculo que antepone los intereses televisivos a los formativos. Dar un tiempo limitado a los aspirantes (tan sólo tres minutos) para seleccionar en el supermercado todos los ingredientes necesarios para elaborar una receta o hacerlos pasar con rapidez por una cinta transportadora para que los retiren es incongruente. Un buen cocinero debe disponer de bastante tiempo para pensar lo que necesita y seleccionar los prodcutos de temporada y de mayor calidad, incluso puede echar mano de una "chuleta" para no olvidar alguno.

Durante el tiempo que dura el trabajo en la cocina, la presión a la que son sometidos los concursantes es continua y atosigante: "Ya habéis consumido la mitad del tiempo". "Os quedan solo cinco minutos". "Ya debería estar emplatado"...se oye en constante repiqueteo. A lo que habría que añadir que, en plena faena, las muchas veces atolondrados y siempre apresurados aspirantes reciben la visita de los jueces que, con preguntas banales, les interrunpen y cortan la marcha de su trabajo. Unos jueces de porte altivo que, en ocasiones, emplean un lenguaje agresivo como "asqueroso, repugnante, esto es una marranada"...y expresiones hirientes que, en la presente edición, han requerido la posterior petición de disculpas por parte de uno de sus miembros. Entiendo que el espectador se divertirá igualmente, o quizás más, si se suprimen las prisas y las actitudes altisonantes. Espectáculo si... formación y educación también. Los cocineros se lo merecen.

En la cocina, sin prisas - Juan José Lapitz