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15.05.2016

Cuidado con las invitaciones - Juan José Lapitz

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Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "Saber y Sabor" de "El Diario Vasco" del 14 de mayo de 2016

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Uno de los sinónimos de invitar es convidar, que quiere decir "pagar la consumición a alguien". En este país somos proclives a las invitaciones desinteresadas. Una prueba de ello es que en muchas sociedades populares las cuadrillas invitan a quien por primera vez accede al local. Pero no está bien visto el gorroneo. Recuerdo que en Irún un grupo de txikiteros, que pagaba religiosamente cada uno su ronda, se dio cuenta de que uno de sus componentes se escaqueaba a la hora de rascarse el bolsillo. Aunque no era aficionado a la música, se quedó con "Paga-nini" para toda la vida.

A mediados del siglo pasado, el hecho de que te invitaran a una boda era casi como te tocara la lotería. Sobretodo si eras joven y de buen apetito, ya que normalmente eran tus padres quienes corrían con el gasto del regalo y eras capaz de engullir lo que te echasen e incluso las sobras de algún plato vecino.

A finales del mes pasado fui testigo, afortunadamente no pagano, de una curiosa invitación. Fianlizada la asmablea anual de vecinos, el síndico o administrador, ante el amigable desarrollo de la reunión, abrió unas botellas de vino blanco que animaron el ambiente. Fruto de él, un matrimonio invitó a dos copropietarias a continuar tomando un aperitivo en su apartamento. El buen desarrollo continuó y los anfitriones invitaron a las dos señoras a cenar a las dos señoras en el restaurante que regenta su hija. Se lo agradecieron y alegaron las excusas de rigor para eludir el convite, pero ante la insitencia, terminaron por acceder. Ya en la mesa, las señoras se conformaron con una entrada y un postre, el caballero precisó además, un plato de carne. Finalizada la cena, presentaron la cuenta. El convidador, calculadora en ristre, dividió la suma entre cuatro y dijo, ante la mierada estupefacta de las invitadas, tocamos a tanto. El anfitrión consiguió que su hija hiciera caja en su restaurante y que las invitadas le pagaran parte de su plato de carne. ¡Chapeau!

Cuidado con las invitaciones - Juan José Lapitz

Foto: Miquel C.