Gastronomiazko Euskal Anaiartea - Cofradía Vasca de Gastronomía

Representación del colectivo frances a la entrada de la Baluarte del Mirador, la música de la guarnición de la CVG y los fusileros llegados de Tolosa.
La confraternización de los antiguos contendientes es evidente en el Gaztelu Eguna, posando frente al Baluarte del Mirador.
La columna en la Batería Alta de Santa Clara, donde a la vista de la ciudad se interpreta la marcha "Gure Donosti". En primer plano nuestro cronista Tito Irazusta.
Iñaki Gurmendi perfectamente caracterizado para Gaztelu Eguna, participó al frente de los fusileros de Urgull Histórico.
Nuestra agrupación de chiribitos tras la llegada al Macho del Castillo, se presenta tan organizada como siempre.
Nuestro Gran Luis Mokoroa, con los amigos de Eskola y Marilu Aizpúrua, ultimando los detalles sobre la lectura de las Actas de Zubieta.
Frente al Cementerio de los Ingleses, la formación rinde honores a la Historia, con música y salvas de fusilería, por la reconstrucción de San Sebastián.
Los bravos franceses descansan en el Macho tras constatar su rendición un año más.
Posando satisfechos los nueve miembros participantes de la familia Arruebarrena y además todavía falta una "miembra"más.
Tras todos los afanes, reponiendo fuerzas en la Cofradía. Vista parcial del comedor Munibe, con el tapiz de nuestro Eguzkilore.
Gaztelu Eguna
08.09.2012

Un Gaztelu Eguna más que divertido

Por si teníamos poco con lo que tenemos habitualmente, quedó al descubierto nuestra faceta de danza, en unos bailes que salieron redondos bien asesorados por los amigos de Eskola.

Y mira que no conocer antes estos lugares preciosos de Urgull…

Pongo por delante que no tenemos perdón los que, como yo, después de vivir treinta años en Donostia no conozcamos algunos puntos de la ciudad que deberían ser de obligado cumplimiento. Y fue gracias a la conmemoración del Gaztelu Eguna de este año como pude saber de los lugares tan extraordinarios que tiene esta ciudad en la subida al Castillo de Urgull.

Debuté tal día como hoy hace un año en este evento, invitado por la Cofradía de Gastronomía, que es la que de la mano de Luis Mokoroa sigue con la tradición de recordar lo que ocurrió en este monte donostiarra en 1813, pero nos tocó un mal día en lo meteorológico y tuvimos que conformarnos con hacer una especie de simulado desfile desde la propia Sociedad hacia la Parte Vieja y vuelta a casa. Pero aunque caluroso, este día fue un primor y allá que nos fuimos, hasta la punta.

Ya me tenía dicho mi embajador Jokin Larrañaga que merecería la pena y si les digo la verdad, yo que llevo tantas décadas contando cómo viven la fiesta nuestras gentes, he llegado a un punto en que, si me lo permiten mis obligaciones, quiero vivir la fiesta desde dentro y de verdad que estoy disfrutando como cuando era un chaval. Aunque nunca tanto como mi primo Carlos Arruebarrena, que se apunta a todos los bombardeos, pero sin que le falte máquina de fotos y esta vez hasta cámara de video que espero que acompañe a estas letras, porque el hombre anduvo el doble que todos para arriba y para abajo con el bombo a cuestas con tal de encontrar los planos más bonitos.

 

HASTA ARRIBA SUDANDO LA GOTA GORDA

Os cuento la batallita. Nos juntamos en la Sociedad cerca de las cinco de la tarde, aunque los veteranos del lugar, léase el bueno de Javier Ubillos, el maestro Agustín, el salsero de Elías… recuerdan cuando esto era un día completo desde la mañana y con comida y posterior rodada en los descensos, algunos tambores bajaban solos porque bajar es muy fácil.

Pero había que subir, por la tarde, con el termómetro llegando a los treinta grados… Daba igual, las chicas como siempre se hicieron el moño como estipula la ley de la peluquera hernaniarra. Unos se pusieron las polainas, como marca el traje de los que recuerdan a los franceses, nosotros, los que vamos de ingleses, con casacas más propias de inviernos crudos, aquellos de Pasaia con sus instrumentos musicales que sonaban fenomenal, las chicas armadas con los chiribitos que tocan a las mil maravillas y hasta grandes bailarines, ellos y ellas de Eskola que me dan mucha envidia. Cuánto hubiera dado por tener tiempo para haber aprendido a bailar bien nuestras piezas. Ellos ya lo hacen y aseguro que cuando nos echamos a ello en esta ocasión, tampoco se nos dio tan mal… Verdad?

Y encabezados por los simpáticos fusileros que convierten aquella tragedia en un recuerdo carnavalero como mandan los cánones, nos fuimos hasta arriba, con tambores, grandes y menos grandes –los ingleses ganamos en tamaño y en esto sí importaba porque pesan lo suyo- trombones, cornetas, chiribitos, platillos, bombo… allá que nos juntamos en la batería alta de Santa Clara, desde donde se ve una ciudad espectacular. Los visitantes que bien a pie o en el microbús que hace una estupenda labor se habían llegado hasta el lugar nos miraban primero como las vacas al tren pensando si nos habíamos escapado de algún reformatorio. ¿Qué harán estos aquí? se preguntaban, nos preguntaban. Aclarado el tema se unían a su manera al festejo.

 

REDOBLES, MUSICA, DESFILE Y…BAILE

Así que empezamos el descenso tras la parada técnica necesaria, con los Arruebarrena, que son un carro, posando para la fecha histórica. “Es la primera vez que nos hemos juntado todos y hay que aprovecharlo”, me aclaraba Marilu, la amatxo del clan. Ya había regresado el joven Elías de su aventura ciclista hasta Ámsterdam y toda la tarde a mi lado, asestaba redoblazos en el tambor, para seguir el ritmo de nuestro relojero favorito, el gran Agustín que me cuida mucho para que no se me vaya una sola nota.

Nos plantamos en la Parte Vieja, por el Puerto, ante la admiración generalizada de una muchedumbre que no esperaba a la comitiva, pero que la seguía con atención.

Cómo bailamos en el pórtico de Santa María. Debió echarnos una mano la Virgen, que para algo era el día de Nuestra Señora del Coro, porque hay que reconocer que el primer ensayo arriba había sido una castaña y aquí fue como si lo hubiéramos hecho toda la vida.

Yo recomiendo a los que leen este relato y no participan con nosotros que no se lo pierdan el próximo año, porque van a ver qué bien lo hacemos. A que sí Amaia! Un poquito de valor y ya digo que fue muy divertido, cincuenta personas a la vez en aquel corro enorme. “Volvemos a bailar en la Plaza Zuloaga” me recordaba Elías, yo encantado de repetir. Eso sí, que bien lo hacen los de Eskola que venían en el desfile, aunque sea verdad que es lo suyo…

 

ACTAS DE ZUBIETA Y A DESCANSAR TRAS TRES HORAS SIN PARAR

Luis Mokoroa disfruta con este tipo de eventos, sobre todo porque el Gaztelu Eguna termina con la lectura de algunas actas de Zubieta, que son las que invitaron a los donostiarras supervivientes a echarse el mundo por montera y reconstruir la ciudad, por eso la tenemos así de bonita. Así el final tenía que ser festivo y volvió a serlo con interpretaciones al uso, que si Asisito, que si Bigotes, que si el Chispún y no sé cuántas más hasta el regreso a la Cofradía, dónde aún nos quedaba cuerda para soltarnos a otro Granaderos que es la pieza que les queda más redonda a nuestros chiribitos.

Tres horas y pico después de arrancar llegó el momento de sentarse un rato y descansar tras la exigente pero divertida tarde. Luego como es habitual la cena de clausura. Y hasta aquí puedo leer.

Con cariño

Tito Irazusta, cronista fichado a golpe de talonario.

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