Gastronomiazko Euskal Anaiartea - Cofradía Vasca de Gastronomía

Es cierto, ha llegado y está buenísimo.
En la espera, Rafa Indo muestra el último Boletín a Ramón Labayen.
Vista general del comedor.
Grupo de habituales del corner derecho.
Ramón Labayen y el Gran Sukalde Jaun felicitando al cocinero Aritz.
Otra vista de la gran mesa.
El Gran Sukalde departiendo con un grupo de amigos.
El champagne como argumento de la fiesta, haciendo amigos.
Modesto y Merche con la simpatía de siempre.
El cuerpo de bomberos en acción. Misión cumplida, con el perro rescatado sano y salvo.
Llegada de la nueva cosecha de champagne
22.11.2008

Por fin llegaron las burbujas. El sábado 22 de Noviembre se celebró una reunión en la Cofradía Vasca de Gastronomía, para facilitar a los cofrades la compra de champagne a pie de furgoneta a precios de bodega. La idea del almuerzo estaba inspirada en escenas bucólicas que encontramos en novelas y más modernamente en el cine. Un cena “tête a tête”,  con pollito asado, una botella de champagne con dos copas, un candelabro sobre la mesa y …… dejar volar la imaginación.

 

El almuerzo programado, aunque brillante, no se ajustó en nada al guión. Medio centenar de personas se reunieron en el comedor Munibe, para disfrutar del almuerzo y hacer sus provisiones de champagne para futuras ocasiones. Una mañana bastante fría, aconsejó prescindir de la terraza como punto de reunión y concentrarnos  directamente en el comedor, a la espera de los más rezagados. No estaban todavía todos, cuando ya nos comenzamos a instalar en la mesa acondicionada a lo largo de todo el comedor. El gran Sukalde Jaun abrió, con ruido y vuelo del corcho, (una debilidad de nuestro Gran Sukalde), una de las botellas de champagne Laurent Etchart et fils, Carte d´Or, de las que se encontraban a lo largo de la mesa, fue el pistoletazo de salida para todos los comensales.

 

Brindis con la primera copa, mientras se servían en la mesa unos platillos de calamares sorpresa, a modo de aperitivo. Los calamares tienen una pluma a lo largo de su cuerpo, hace las veces de esqueleto y algunos dicen que se empleó en otros tiempos para escribir. También unas aletas natatorias, pero hay se acaban las similitudes con lo que teníamos en el plato. También era de pluma y alas, se trataba de pechugas de pollo cortadas en tiras, maceradas con champagne, rebozadas y fritas como los calamares. Fue una agradable sorpresa para los comensales.

 

Mientras, corría el champagne. A continuación se sirvió el plato del día. Pollo de caserío asado al horno y acompañado de una salsa, preparada con su jugo y una reducción de champagne. Delicioso. Se presento trinchado en cuartos, pata para unos y para otros pechuga, según las preferencias de cada comensal, y algunos, como el que suscribe, probamos de los dos, certificando así que todo estaba muy jugoso y en su punto. Como acompañamiento, patatas fritas. Peladas, cortadas y fritas en casa, en aceite con ligero sabor a ajo. Elogios y como comentó alguno: ¡Saben a patata!.

 

Unas humildes lechugas de casera, jóvenes, prietas y bien aliñadas, nos refrescaron la boca antes de pasar al postre. Entre tanto las conversaciones alternaban  con pequeños estallidos “pum” o más discretos “psss”, muestra clara que las burbujas seguían animando el almuerzo a lo largo de toda la mesa.

 

Unas manzanas asadas sobre una cama de hojaldre y crema rubricaron el almuerzo. Felicitaciones al cocinero y como complemento se propuso festejar a la santa del día, Santa Cecilia, patrona de los músicos. La primera propuesta fue una canción de corsarios, los ánimos estaban calientes.

 

Jeiki Jeiki etxekoak

Argia da zabala (bis)

Itsasotik mintzatzen da

Zillarresko trompeta

Bai eta ere ikaratzen

Holandresen ibarra (bis)

 

Tampoco en esta ocasión se pudo seguir el guión programado. Precisamente en ese momento, vimos una agitación inusitada en la terraza, bomberos que se movían de un lado al otro de la misma, mirando hacia el monte sin saber como pasar. Se les abrió la puerta para que a través del comedor donde nos encontrábamos llegaran al balcón que acaba en el  talud del monte Urgull sobre la plaza de la Trinidad. Un perro se encontraba inmóvil en la escarpada ladera cerca del borde del muro que cae a la plaza. Para algunos tenía una pata rota y no podía remontar, otros pensamos en la alegre e imprudente correría detrás de algún gato, que le precipitó rodando talud abajo, y cuando consiguió detener la caída, junto al borde del precipicio, ya no se atrevía ni a moverse.

 

Organizado el salvamento, todo un equipo de zapadores-escaladores suspendido con cuerdas en el escarpado, consiguieron bajar de brazo en brazo al asustado perro.

 

Aplausos y felicitaciones mientras los aguerridos bomberos cruzaban el comedor hacia la salida, con el perro ya repuesto, andando perfectamente y lleno de alegría, que  sin duda va a contrastar fuertemente, con la que va a sentir su dueño, ignorante de estas vicisitudes, cuando le llegue la factura del salvamento.

 

Al margen de la situación, y como quien no quiere la cosa, algunas señoras indagaron sobre la participación del grupo de bomberos en el calendario. Tras las pesquisas, se presentó uno de los actuantes como el posado de "diciembre" (recrecieron los aplausos).

 

Tras esta entretenida interrupción ya no hubo forma de retomar la sobremesa, solamente constatar que bien por la calidad del champagne degustado, o por efecto euforizante de las burbujas, hubo quien  aumento su pedido inicial.

 

A disfrutarlo con alegría e imaginación.

 

 

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