Gastronomiazko Euskal Anaiartea - Cofradía Vasca de Gastronomía

GAZTELU EGUNA 2015
06.09.2015

Gaztelu Eguna emotivo en sus bodas de plata.

La vigesimoquinta edición transcurrió de la mejor manera posible, con homenaje final también a Eskola.

Gran jornada, con numerosa participación para conmemorar la decisión de hace 202 años de reconstruir Donostia.

Para hacer una valoración de lo que fue el Gaztelu Eguna 2015, organizado un año más por la Cofradía Vasca de Gastronomía, en su vigesimoquinta edición además, podríamos empezar por el final, cuando las tropas ya han puesto a dormir sus armas, los tambores, las aguadoras y arrantzales, los txiribitos y los músicos sus instrumentos que tan bonito sonaron a lo largo de todo el día… y por la noche también.

La cita del balance se hacía como tenemos por norma en una cena de resumen final que tuvo, cómo no, al pollo como protagonista. Con ellos recuperamos las fuerzas desgastadas en la jornada completa que sirvió para rememorar aquel magnífico día en que la corporación donostiarra decidió en su reunión del caserío Aizpurua de Zubieta reconstruir la ciudad que unos días antes habían saqueado, según escribe la historia los ejércitos francés e inglés, que ya abandonaban el Castillo de la Mota tras su fechorías. Rendidos los franceses y puestas las condiciones de la retirada, admitidas por el general inglés, Donostia perdía de vista a tan macabros personajes que habían destruido la ciudad. Era el momento de levantarla de nuevo y eso es lo que nos daba de nuevo pie a celebrar que gracias a aquella decisión de poner de nuevo piedra sobre piedra, podemos disfrutar de una Donostia como no hay otra ciudad igual.

La organización del evento tenía su miga, porque para esta edición de las bodas de plata desde que Mocoroa, Ubillos y alguno más que aún permanecen desde aquella primera edición, había que intentar que disfrutáramos mucho, acompañados además por un tiempo colaborador para que todo fuera más brillante, aunque se habían tomados las medidas necesarias por si el día salía lluvioso.

Los protagonistas

Y porque todo salió niquelado, perfecto de principio a fin, resultó muy emotivo el momento de la noche en que, después de organizar también la recogida de los últimos bártulos, asomaron en el comedor de la sociedad, Marilu Aizpurua, bandera en ristre, con sus hijos Elías, a redoble de tambor que sabe hacer como nadie, Joxe y Miriam al son del txiribito… Con Luis Mokoroa, el sheriff a la espera y también Elías padre, al que el verde para tocar el tambor parece que le inspira. Los aplausos duraron mucho tiempo. Allí quedábamos una representación numerosa de los muchos de los que de una manera u otra habíamos protagonizado y disfrutado un día para recordar. Desde los chicos que ayudaron a servir las viandas en la comida y demás del Matxo, los fusileros, por supuesto que los admirados componentes de Eskola, homenajeados por su colaboración año tras año, tamborreros y ‘txiribiteros’, acompañantes… y cómo no los músicos, porque para el final quedaron los emocionantes momentos que nos brindaron Teo Ruiz con su clarinete y Martín Estébanez con ese acordeón que también suena tan bonito… En fin que la noche se alargó más del momento en que Carlos Arruebarrena subió firme a un banco para pronunciar el discurso de agradecimiento, porque una vez más había mucho que agradecer para que todo hubiera salido como salió…

No debemos olvidar que creció el grupo de colaboradores, como Coca Cola, Keler, sidras Zapiain, Alcampo de Oiartzun, Cafés Aitona, Pastelería Gorrotxategi, Bokado San Telmo, Vichy Catalán, Domiko, Loyola 21, Pirotecnia Astondoa…Y las facilidades puestas por Donostia Festak para que la organización resultara redonda… Aquella brigada de limpieza que, de inmediato se presentó para ayudarnos a dejar el Matxo tan txukuna como estaba antes de que doscientos participantes de la fiesta y todos los que se quisieron unir hubiéramos degustado la comida de campamento, en la que tampoco faltaron los pastelitos exquisitos que una edición más tuvo la amabilidad de aportar Lurdes Laredo, por cierto los de merengue insuperables, y lo dice uno que nació en una afamada pastelería hernaniarra. Agradecimos la presencia de Iñaki Gurrutxaga, de la alcaldía del Ayuntamiento Donostiarra, que nos mostró todo su apoyo y admiración por la forma en que conmemoramos aquel momento importante de la historia de la ciudad.

En marcha

Todo arrancó a muy temprana hora, cuando los organizadores del evento colocaron cada cosa en su sitio, a la espera de que las tropas comenzaran a actuar. Mientras Luis Mokoroa participaba en el jurado que en el Bulevard resolvía el concurso de tomate autóctono de Gipuzkoa que controla a la perfección Juan Manuel Garmendia, representante de Slow Food aquí y que, de paso diré que ganó el tomate traído por Manuel Roteta de Astigarraga… El batallón inglés, con los fusileros de la sociedad –Alfonso abriendo camino-, los de Urgull Histórico, los tolosarras de Napoleón Regimiento línea 34 y desde Andoain, tras ellos las abanderadas y los tamborreros dirigidos por el joven Elías y la llegada de los magníficos y también muy jóvenes de la txaranga EZK de Arre, transitó por la Parte Vieja hasta llegar al kiosco del Bulevard, donde esperaban las aguadoras y los arrantzales que se hicieron notar con los sones de los txiribitos, Onintza Mokoroa al frente. Mientras tanto, la tropa francesa tomaba también posiciones y se entablaba una batalla que acabó con la rendición de los franceses del general representado por la persona que mejor le caracteriza, Javier Ubillos, que no ha faltado en ninguna de las veinticinco ediciones de esta conmemoración y que, otra vez, hizo gala de un ánimo y humor a prueba de bombas. Eso sí, en la lectura de las capitulaciones leídas y explicadas perfectamente por Marilu en La Patiña, se hacía con demasiadas concesiones del general inglés, pero sea como sea se fueron que Donostia unos y otros, que era lo único importante.

Cuesta arriba

Así que las tropas comenzaron la subida al Castillo de la Mota, con paradas en miradores desde los que se contempla la preciosa ciudad que nos dejaron los antepasados con aquella decisión de reconstruirla.

En la Batería Alta de Santa Clara, situada “sobre” la Bahía de la Concha, se interpretó la marcha “Gure Donosti” como nuestro particular homenaje a Donostia.

Nos acompañaban también varios tamborreros llegados de Baiona y que se exhibieron en el manejo de los palillos… Y hasta tuvimos un tamborrero procedente de los Estados Unidos, además de los amigos Xabi Benegas, Peio Arribas y Javi Suárez, que tampoco quisieron perderse esta edición del Gaztelu Eguna.

La comida, la romería, ya con todos los amigos de Eskola dándolo todo, descenso después con parada emotiva como es norma en el cementerio de los ingleses y de nuevo a la Parte Vieja, donde miles de personas aplaudieron el paso de las tropas ya muy festivas, con la txaranga mundial en su demostración frente al Beti Jai de Fermín Calbetón, donde la parada técnica de este año volvió a ser todo un lujo por el trato que nos dan los responsables de ese centro hostelero.

Mucha emoción

Y llegamos al momento cumbre final, en el que en la Plaza Zuloaga se dio lectura por parte de Tomás Ugaldebere, presidente de Eskola que hizo las veces de alcalde, bien acompañado por los también corporativos Arkaitz Bastida y Ion Gil, a las actas de Zubieta, donde se recuerda cómo fue aquel momento terrible del saqueo de la ciudad y la decisión aplaudida de empezar a reconstruir la ciudad un 8 de septiembre de hace 202 años.

Eskola conmemora su 75 aniversario, instaurada después de la guerra civil, como recordó Tomás, y el Gaztelu Eguna su 25 edición, así que se decidió homenajear la colaboración de Eskola de cada año, con la numerosa participación de representantes de la comitiva, que se animaron a bailar un aurresku de honor, que hacerlo frente a los que mejor lo saben hacer tenía sus riesgos, pero que salió de maravilla y el agradecimiento fue sincero y emotivo, con una bonita placa de recuerdo (se leía a Eskola, Gure Herri sustraien gordaila- Memoria viva de nuestras raíces. Gaztelu Eguna 2015)… Fuegos artificiales como fin de fiesta y bailes abiertos a todos los presentes, con la kalejira final, parada obligada con el gentío frente a la Iglesia de Santa María para interpretar el Gure Donosti… y de nuevo a los cuarteles de la Gastronomika.

Un día para no olvidar, por todo.

Zorionak!!!

Tito Irazusta

Tribulete dicharachero

 

 

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