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17.05.2008

José Mari Gorrotxategi profeta en su tierra

El pueblo de Tolosa, a través de su corporación, brindó  un emotivo, y sincero homenaje a uno de sus hijos más ilustres, José María Gorrotxategi, al que acudieron, aparte de autoridades y conciudadanos suyos, una larga y nutrida representación de personalidades de todos los ámbitos de la sociedad, donde no falto una importante presencia de miembros de la Cofradía Vasca de Gastronomía, tan querida por José Mari.

A las 11.00 h, con puntualidad británica, los munícipes de Tolosa, con su alcalde, Jokin Bildarratz, al frente, recibieron a José Mari en el pórtico del Ayuntamiento, donde tras serle ofrecido un aurresku de honor, todos los presentes, a los sones del txistu y  siguiendo al homenajeado, iniciamos el ascenso al Salón de Plenos del Ayuntamiento, que pronto se llenó a rebosar. La previsión del consistorio de montar una pantalla en el exterior, ayudó a gran parte del público a no perder detalle del sencillo pero gran homenaje.

Dirigió el acto Irene Larraza, que fue dando paso a los diferentes ponentes, unas veces en directo y otras a través de grabaciones de video por ausencias forzadas. Abrió el turno de intervenciones Vicente Zaragüeta, con una glosa de las virtudes del homenajeado, al que siguieron la directora de Arco, Lurdes Fernandez, que recordó sus años de trabajo en Tolosa, en representación institucional  la Consejera Miren Azcarate y la diputada Maria José Aramburu. La banda de txistularis de Tolosa, interpretó el zortziko y la biribilketa Xaxu, compuesta en su día por José Ignacio Ansorena. No faltaron a la cita los tres estrellas de nuestra cocina, Juan Mari Arzak y Martín Berasategui, ausentes, mediante grabación y Pedro Subijana presente en la sala. Junto a ellos Luis Irizar, “el maestro” y Paco Torreblanca, mejor repostero de España, que recordó con cariño, el día en que llamaron a su puerta en Alicante y se encontró con una persona que se identificó como José Mari, confitero, para saludarle y preguntarle no se sabe que. Se le ocurrió decirle “pasa”, y nació entre ambos una amistad inquebrantable

Uno de los momentos más emotivos del acto, fué cuando Ainhoa Arteta, que se encontraba entre los asistentes, se levanto aprovechando una pausa en las intervenciones, y colocándose ante José Mari, le dedico la canción del Artillero, tras lo cual recordó con agradecimiento, como siendo aún muy joven y lista para partir al extranjero  a realizar sus estudios de canto, con el apoyo de su familia y poco más, se encontró con José Mari en la calle y supo infundirle ánimos para su gran aventura, despidiéndole con un cariñoso abrazo.

Cerro el acto el alcalde de Tolosa, Jokin Bildarraz, que nos contó la anécdota, que todos los años, el día de San Juan, José Mari le regala una rosa, que permanece en su despacho hasta que al año siguiente la arroja, ya marchita, a la hoguera de San Juan. El Alcalde le impuso a continuación la capa de concejal y coloco en su cuello la medalla de la villa de Tolosa.

Tremendamente dificultoso fue el recorrido de los pocos metros que separan el Ayuntamiento del palacio de Aramburu, donde se debía inaugurar una exposición de fotos preparada por José Mari Gorrotxategi, “55 años en fotografias”,  la comitiva, encabezada por la banda de txistularis y autoridades, debía a cada paso esperar a José Mari, secuestrado por todo el mundo que quería expresarle su cariño y reclamar su atención. Finalmente cortó la cinta de la exposición y fue explicando a los que le rodeaban, los distintos paneles con la selección de fotos montada para la ocasión.

Tras un copioso aperitivo, familia, munícipes y algunos amigos nos reunimos en el Casino, para disfrutar de un almuerzo preparado por Roberto Ruiz, en el que como es de rigor, no faltaron las Alubias, por cierto exquisitas.  Como postre, José Mari quiso rememorar una creación suya, a base de productos ancestrales del País Vasco, cuajada, miel, manzana y nueces, y al que el entonces Gran Sukalde Jaun de la Cofradía Vasca de Gastronomía, Félix Mocoroa, sugirió llamar Euskokutixi, nombre que fue bien acogido por el creador y también en los diferentes ámbitos donde se testó su composición.

En el momento de las despedidas, el señor alcalde ofreció otro pequeño regalo a José Mari, una caja grande y muy liviana, animándole a no perder la esperanza, el que la sigue lo consigue. Abierta la caja apareció una hermosa chistera. En sus tiempos de concejal, José Mari propuso a la corporación la incorporación de una chistera al uniforme, como estaba recogido en grabados antiguos, sin que la propuesta causara entusiasmo en los corporativos. Al paso de los años, vamos camino de ver cumplida otra de las ilusiones de nuestro hombre.